INTRODUCCIÓN
Era verano, o bueno, ya
no. El verano se acababa y si deprimente. Más deprimente aún tener que mudarse.
Sí, a mi padre lo enviaron a Irlanda y mi madre estuvo buscando empleo durante
todo el verano hasta que encontró. Yo rezaba para que no encontrara trabajo y
así poder quedarme aquí, con mi vida, la verdad tenía miedo de lo que podría
pasar. Estaba doblando la ropa se mi habitación y metiéndola en cajas y más
cajas. La mayoría de esa ropa probablemente no me la pondría, más que nada
porque no era mi estilo, me gustaba, pero yo con la ropa era más reservada que
las demás, diferente.
-¡Lottie!- escuché a mi
madre que me llamaba desde el piso de abajo. Bajé al instante para saber que
era lo que quería.
-¿Qué pasa?- pregunté sin
ánimos ya que esto de la mudanza me fastidiaba un poco.
-¿Puedes ayudarme con las
cosas de ahí?- preguntó señalando un armario lleno de cosas que la verdad,
nunca había abierto.
-Sí, estoy terminando con
mis cosas, ahora bajo- dije empezando a subir las escaleras. Terminé de vaciar
mi cuarto, la verdad es que sin nada, estaba muy deprimente, porque no había,
nada, absolutamente nada. No quería dejarme nada ya que a la semana vendrían
otros inquilinos a vivir a ésta casa. Baje y empecé a vaciar ese viejo armario
de madera lleno de trastos, no era más que eso. De pronto vi un cuaderno, me
pareció interesante por la portada, era azul con tonos anaranjados, la hojeé un
poco y era un diario. Lo abrí, “Diario de Julia” podía en grande en la primera
página. Me pareció interesante leerlo ya que en ese viaje que se me haría
eterno no tenía nada que hacer. Lo metí en mi bolso. Me había despedido de mis
amigas, y sí, lo pasé mal. Cada vez que pensaba que no las vería, mi alma se caía.
Y tener que volver a reconstruir mi vida, a miles de kilómetros, me destrozaba.
Supongo que era algo normal. Oí un claxon que me sacó de mis pensamientos, me
gustó, ya que si hubiera seguido así habría acabado llorando, como cada noche
desde hacía unas semanas. Miré por la ventana para saber quién era y,
efectivamente, era el taxi.
-¡Mamá, papá!- chillé
para que me oyeran- El taxi ha llegado- dije cuando ya estaban conmigo. –Vamos-
dije algo triste.
Metimos las últimas cajas
en el camión y finalmente nos metimos en el taxi. Miraba por la ventana, aquel
paisaje, aquel paisaje que no volvería a ver, y si lo hacía, si lo veía, lo
vería con muy poca frecuencia. Me entristecía pensar en eso. Sentí como mis
ojos se humedecían y, rápidamente, una lágrima empezó cayendo por mi rostro. Mi
madre, que estaba sentada a mi lado, al darse cuenta me abrazó, para que
pudiera sentirme mejor, era difícil, pero sí, con ella me sentía mejor.
-Lo siento- se disculpó. –Yo
no quería esto para ti, yo quiero que seas feliz- Dijo aún abrazándome, fuerte,
muy fuerte, y eso me gustaba.
-No es tu culpa- dije recalzándome
en ella y como pude ya que las lagrimas me dificultaban el habla. –Lo hacéis
por mi, porque si no fuera por mi, no trabajaríais. Nos vamos para que podéis
ganar más dinero, supongo- dije ya más tranquila y comprensiva al cabo de unos
minutos.
-Así es -asintió esta vez
mi padre-, pero no te preocupes porque
yo me encargaré de que estés bien- terminó diciendo.
-Gracias papi- dije
dedicándole una pequeña sonrisa. Al decir esto el taxi paró. Ya estábamos en el
aeropuerto. Era bastante grande, así que anduvimos un rato hasta llegar a
nuestra terminal.
-Mamá, ¿qué era lo que
había en ese armario que he vaciado?- pregunté, quería llegar al fondo de esto.
Saber quién era esa tal Julia.
-Pues cosas que no
solemos usar mucho, cosas del abuelo que no queremos tirar, cosas de los
antiguos inquilinos que había antes en casa- empezó a decir. - ¿Por qué lo
dices?- preguntó extrañada.
-Mira- cogí mi bolso y lo
busqué, lo saqué y se lo enseñé. –Lo he encontrado en el armario, ¿quién es
Julia?-pregunté dispuesta a encontrarme con cualquier respuesta.
-Cariño… ¿no la
recuerdas?- preguntó extrañada. Yo negué con la cabeza sin dejar de mirarla. –Era
una amiga tuya de cuando era pequeña. –dijo tranquila- Vive… vive en Londres…
se fue cunado tu tenías cinco años, ahora estarás más cerca de ella. Bueno pues
este diario lo escribió para que supieras de su vida un poco. Lo envió el año
pasado y dijo que le gustaría que lo leyeras cuando quisieras- Dijo mirando al
suelo, parecía arrepentida de algo.
-Mamá- dije preocupada
por su comportamiento- ¿qué te pasa?- pregunté.
-Se me olvidó… -dijo mirándome
con pena, si era eso, pena. –Quería dártelo… y me olvidé.
-Vamos mamá, no te
preocupes- dije abrazándola como puse. Sonrió al ver que no estaba enfadada ni
nada por el estilo.
“Señoras y señores, informamos
a los pasajeros del vuelo 365869 con destinación a Irlanda pueden pasar a la
puerta de embarque”
Al oír eso me estremecí.
Tenía miedo.
-Ese es el nuestro- dijo
mi madre señalando el techo, de donde procedía la voz. –Vamos- dijo segura de sí
misma.
-Vamos- acepté y entramos
allí en el avión. En el avión les tocó sentarse a mi padre con mi madre y a mi
sola. No había mucha gente así que estuve sola. Al no saber que hacer decidí
empezar a leer el diario de mi amiga, Julia.
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